Todo empezó una divagante noche de Agosto cuando me planteé estudiar inglés en los seis meses previos a empezar la universidad. Cogí el ordenador, me conecté a internet y mi primera búsqueda fue lógicamente Inglaterra, ya que soy española y es el lugar más cercano. De repente un pensamiento se cruzó en mi mente despertando una nueva, y medio alocada, idea: Australia. Cuanta gente me había hablado previamente maravillas sobre este hermoso país. Ante la mirada incrédula de mis hermanos menores, acostumbrados a mis habituales cambios de dirección, puse las palabras mágicas en el sagrado Google: Inglés Australia. La verdad es que ni yo misma me imaginaba que esto iba a pasar de ahí, pero entonces aparecisteis vosotros: Go Study Australia, abriéndome una puerta que cambiaría cualquier expectativa que pudiera tener para mis futuros meses. En una semana ya estaban todos los trámites en marcha, mis ahorros invertidos en esta nueva aventura, y en 1 mes me encontraba volando hacia el otro lado del mundo sin saber si todo lo que estaba pasando era real.
De repente, en un abrir y cerrar de ojos, me encontraba en una nueva casa, rodeada de gente hablando supuestamente en inglés (que la verdad es que me costaba horrores entender), y asistiendo a un colegio donde un 75% de los estudiantes son asiáticos (cosa que inicialmente me sorprendió, a pesar de lo lógico que es, por una cuestión geográfica). Mi palabra favorita: “What?”
Me pellizqué, y ya sabiendo que no se trataba todo de un sueño, empezó mi búsqueda de trabajo. Con optimismo, ya que tenía entendido que es fácil encontrar trabajo en Australia, encaré mi primer obstáculo: la preparación del “Resume”. A pesar de que en el colegio nos habían dado una primera orientación, la mayor dificultad fue la traducción de los tecnicismos. Otra vez Go Study Australia me prestó su apoyo incondicional, y junto a la mujer de mi Homestay pude terminarlo.
¡Hora de encontrar trabajo! “¿Qué sé hacer? ¿Qué quiero hacer?” Mi primera búsqueda fue en el campo hotelero. Tras enviar mi currículum a todos los hoteles y spas de Brisbane y alrededores, y no recibir noticia alguna, mi positivismo empezó a caer. Despacio se acercaba el final de mi homestay y para el próximo mes me suponía una dificultad volver pagar esa fortuna. Después del gasto que me supuso venir a Australia, los ahorros no es que estuvieran demasiado altos, y a cada día podía ver cómo iban disminuyendo.
Dadas las circunstancias me planteé un nuevo enfoque: ¿por qué no buscar una familia para estar de Au pair? Por un lado adoro a los niños y estar en familia, y por el otro lado conseguir una familia al menos me significaría tener los gastos básicos mensuales solventados. Por lo que mi búsqueda se bifurcó. En el campo laboral amplié mis preferencias a lo que fuera, y añadí la búsqueda de una familia al mismo tiempo.
Otra vez parecía no haber respuesta alguna, mis esperanzas se desvanecían, cuando de repente recibí una llamada. “Oh oh!”. Al percatarme de que era una familia interesada en mí los nervios se me pusieron a flor de piel, las gotas de sudor empezaron a deslizarse por mi frente. Me encontraba en medio de la calle, con ruido a mi alrededor, intentando entender las palabras al otro lado del teléfono con mi limitado inglés, con la presión de saber que tenía que causar buena impresión ya que de eso dependería la decisión de esta nueva familia.
Me citaron para el día siguiente conocerme a la hora de la cena. La verdad es que no las tenía todas conmigo. Yo no era la única candidata, y conocerlos precisamente cenando, siendo yo vegetariana, no tenía muy claro que fuera un buen arranque. A las 18h estaba delante de la puerta tocando el timbre. Afortunadamente todo fue viento en popa. La familia muy cálida. Conversamos, me explicaron lo que estaban buscando, las condiciones… finalmente me dijeron que me dirían algo para el final de la semana, y que igual yo también me pensara si estaba realmente interesada, si me había gustado…
¿Qué si me había gustado? Me encantó: la familia buenísima, la casa preciosa, las niñas una ricura, las condiciones buenas. Así que esperé tres días, y finalmente recibí la llamada confirmando que me habían escogido.
Una semana más tarde me mudé, y hasta día de hoy sigo aquí. En un principio mi trabajo consiste en ayudar con las niñas por las tardes durante la semana: jugar con ellas, bañarlas… La verdad es que no es que tenga un horario estipulado. La idea es sentirme como una más de la familia, ayudar en la casa, si algún día los padres quieren o tienen que hacer algo, hacerme cargo de ellas. A cambio ellos me dan habitación y comida. A parte, una vez por semana me ocupo de la limpieza general de la casa, y me pagan $50 por ello. La verdad es que estoy súper contenta. La convivencia es muy fluida y me llevo de maravilla con todos los miembros de mi nueva familia.
De todas maneras en estos dos meses he seguido buscando trabajo, pensando en compaginar ambas cosas. Me he abierto campo por dos líneas: por un lado me compré una camilla de masajes (ya que soy terapeuta), me hice publicidad, y he empezado a trabajar a domicilio. La verdad es que por ahora no he tenido demasiado trabajo, ya que se hace difícil darse a conocer y que la gente te abra las puertas de su casa sin tener ninguna referencia tuya. Por otro lado, continué tirando currículos abriendo campo por todo el sector costero. Tras rellenar miles de “Applications”, ya que aquí en cada empresa te piden que a parte de dejar tu C.V. rellenes sus propios formularios, no he recibido más que mails diciéndome que no necesitan personal, que van a guardar mis datos por tres meses y que me agradecen mi interés. Puro “bla bla bla”, pero bueno.
A pesar de que hoy por hoy mis gastos superan mis ganancias, por lo que mis ahorros siguen disminuyendo, considero que no me puedo quejar: estoy en una casa genial, prácticamente no tengo gastos de alojamiento y comida, con lo que me pagan por semana por limpiar junto a lo que gano en los masajes que me van saliendo puedo pagarme el billete de tren, las comidas fuera y parte de los viajecitos del fin de semana a surfear…
En resumen, Australia genial, aunque lo de que aquí es fácil conseguir trabajo: na’ que ver. Para que salga todo redondo sólo me falta ganar un extra los fines de semana.
¡Paciencia, constancia, perseverancia y lo conseguiré!
AU PAIR en Australia!
Todo empezó una divagante noche de Agosto cuando me planteé estudiar inglés en los seis meses previos a empezar la universidad
Cogí el ordenador, me conecté a internet y mi primera búsqueda fue lógicamente Inglaterra, ya que soy española y es el lugar más cercano. De repente un pensamiento se cruzó en mi mente despertando una nueva, y medio alocada, idea: Australia.

